Trump, a mamporros en el circo de la lucha libre antes de dárselos al vapeo

El presidente de los Estados Unidos ha participado en todo tipo de shows antes de inmiscuirse en la lucha contra el vaporizador

Donald Trump
Donald Trump le corta la caballera a su oponente en la batalla de los 'billonarios'

Hace sólo unos días, presidente del gobierno estadounidense, el excéntrico Donald Trump, se lió a mamporros con el vapeo. Le declaró la guerra al vaporizador después de que se elevaran a seis (ya van siete) las víctimas mortales en el país de las oportunidades por la inhalación de sustancias provenientes del mercado negro (también prohibidas en Europa). O porque han detectado que muchos menores le dan a la actividad, como consecuencia quizás de la ligereza con la que se están dirigiendo a ellos fabricantes como Juul (de Pax Lahs, empresa cuyo 35% pertenece a Philip Morris). Así, el dirigente del partido republicano anunció que los productos de cigarrillos electrónicos con sabor no estarán disponibles para la venta hasta que reciban la aprobación específica de la Administración de Alimentos y Medicinas (FDA por sus siglas en inglés).

Pero es que con anterioridad, el acaudalado empresario ya había dado la nota de otra manera muy especial, sin que ello haya existido excesiva trascendencia en España. Aprovechando esa ¿vis cómica? que dicen que tiene y la proyección televisiva que vino gozando en Estados Unidos desde las décadas de los sesenta y setenta, Trump se hizo sitio en otro circo para también dar mamporros. Concretamente, sobre los cuadriláteros de la WWE (la compañía de entrenamiento de lucha libre más conocida del planeta, la que en España se conoce como Pressing Catch). Velo AQUÍ

Un 1 de abril de 2007, y con motivo de la XXII edición del evento estelar Wrestlemania, se llevó a cabo la denominada Batalla de Los Billonarios, con un ‘enfrentamiento’, aunque en la distancia, entre Vince McMahon (el dueño de la Federación de wrestling) y el ahora presidente de Estados Unidos.  En una esquina, el entonces violento campeón intercontinental Umaga representó al maligno dueño de la WWE. Y en el protector contrario del cuadrilátero,  el entonces campeón de la ECW, Bobby Lashley, defendía el honor de un Trump que representaba al bien.

Lo curioso es que la apuesta del combate determinaba que el billonario perdedor debería cortarse el pelo. Y después de entrar en acción castigando el cuello de su oponente, Trump salvó su cabellera.

Lo que pasa es que aquello respondía a un guión en el que el final estaba medido.  Sin embargo, ahora está por ver las consecuencias que tiene en el mundo global. Es peligrosa la mezcla: su forma de proceder en conjunción con los intereses que hay contra el vapeo y la campaña de desinformación e intoxicación que hay en los medios de comunicación.

 

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