Los orígenes del vapeo (II): El padre del e-cig perdió una fortuna

A John Robinson le corresponde la autoría del primer cigarrillo electrónico registrado, pero no de posibilidades económicas

Texto patrocinado por OIL4VAP: Calidad, fiabilidad

 

Hoy suena a barbaridad. A disparate. A falta de olfato empresarial. O de posibilidades económicas, vaya usted a saber. Pero eso sería hoy. No a principios del siglo pasado, que es cuando tuvo lugar un hecho clave en la historia del vapeo: la oficialidad del nacimiento del cigarrillo electrónico. Tras muchos meses de investigación, un norteamericano que respondía al nombre de Joseph Robinson se presentó el 3 de mayo de 1927 en la oficina de patentes de Nueva York. Y todo, con el objeto de registrar lo que él mismo denominó como “un vaporizador de encendido de butano mecánico”. Pero pese a que el artilugio fue aprobado, aunque fuese en 1930, el inventor nunca lo lanzó al mercado. Y así no sólo frustró la posibilidad de haber creado un imperio económico en torno a su fortuna sino que encima la tecnología permaneció inactiva durante algunas décadas.

“Mi invento se refiere a dispositivos de vaporización para contener compuestos medicinales que se calientan eléctricamente para producir vapores para inhalación”, añadió entonces Robinson, según recoge explícitamente Google en su archivo de patentes. Así es como se conoce también que el inventor lo tenía todo calculado.  “El objetivo general es proporcionar un dispositivo de este carácter para uso individual que pueda ser manejado libremente sin ninguna posibilidad de quemarse ya que es sanitario y muy efectivo y tan simple que cualquiera puede usarlo”, dejó también escrito Robinson, quien incluso llegó a realizar un análisis más profundo. Incluso dejando entrever que su cigarrillo no era más que la prolongación de algunos intentos previos.

“Los instrumentos de este carácter proporcionados hasta ahora son bastante complejos e invariablemente se calientan tanto que no se pueden manejar cómodamente. En ellos se descuida el elemento importante del saneamiento, y son difíciles de limpiar. Los vapores no pueden, por el acto de inhalación, ser eliminados rápidamente de ellos. Y el resultado es que los vapores no se entregan a las partes excitadas lo suficientemente calientes o en volumen suficiente como para ser completamente efectivos”.

Total, que aunque el invento pintaba bien Robinson no le pudo extraer réditos económicos. Y todo porque, como ya quedó dicho, no lo lanzó, que es algo que también se le podría reprochar a inventores o fabricantes posteriores. De hecho, hubo que esperar hasta el año 2004 para ver un artilugio parecido en el mercado. Fue entonces cuando el chino Hon Lik comercializó por primera vez los dispositivos electrónicos como ayuda para dejar de fumar cigarrillos convencionales. El pastel cada vez más goloso: según la Unión de promotores y empresarios de vapeo, en el año 2018 las ventas de los cigarrillos electrónicos y mods se vio incrementada en un 28% respecto al año 2017 y esto supuso una facturación de 37 millones de € en el primer trimestre del año 2018.

 

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